Una bonita historia

"Escúchalo cuando estés triste" Decía la etiqueta en el lado A del cassette que me regalaste, sinceramente había olvidado que lo tenía. Creo que lo encontré en el mejor o más bien en el peor momento de mi vida, quizá no sea el peor, pero aún duele.
Lo encontré en una caja que estaba olvidada en mi viejo cuarto en la casa de mis padres, mientras buscaba el collar de Dante. Recuerdas a Dante, el pequeño cachorrito que me regalaste, el que compraste en el parque cuando empezábamos a salir. Sí, así es, el mismo que nos vendieron diciendo que era un chihuahua y resultó crecer del mismo tamaño a un perro promedio.
Aún no puedo aceptar la partida de Dante. Aún lo veo por la casa, corriendo, mordiendo mis zapatos, ladrando a los gatos del vecino cuando se asoman en la azotea. Dante fue el último recuerdo que me quedaba de ti, fue más fácil devolverte las cartas y peluches que me regalaste.
Me sorprendió un poco encontrar el cassette, creí que te lo había devuelto. Sentí un vacío extraño dentro de mí, un poco de melancolía y nostalgia mezclados con algo de emoción, es extraño sentir emoción y tristeza al mismo tiempo. 
Sabía que debía ir a la tienda de antigüedades, ya había pasado por ahí varias veces mientras caminaba al trabajo, y había visto entre las guitarras eléctricas y reproductores de audio, un pequeño walkman de Sony gris con sus audífonos negros. Siempre me pregunté quién en pleno 2024 compraría un walkman y mírame ahora, aquí estoy en la caja con un poco de ansiedad tratando de pagar.
Compartíamos los mismos gustos raros de música, así que debía encontrar un lugar tranquilo y adecuado para escucharlo.
El mismo parque donde conocimos a Dante nos volvía a reunir, quizá es una señal para cerrar ciclos, para dejar ir. Me senté debajo de un árbol el cual ya había perdido un poco más de la mitad de sus hojas, pero tenía las suficientes para dar un poco de sombra, pareciera que el paisaje se atenuaba de melancolía con tonos naranja y amarillo, un poco de frío, el suficiente para saber que el calor poco a poco nos dejaba también.
Mis manos temblando colocaron el cassette en el reproductor, inserté las baterías nuevas y me coloqué los audífonos, después de esperar los 42 segundos más largos de mi vida. Pude escuchar tu voz al mismo tiempo que dejabas de presionar reproducir y grabar en el reproductor de tu papá, pude escuchar que habían sido varios intentos y por el tono de tu voz sabía que estabas nervioso. "Andrea", dijiste entre líneas cortadas, "Escúchalo cuando estés triste" volviste a decir entre pausas, "Las cosas mejorarán. Solo hay que tener paciencia."
Mientras miraba las hojas que se aferraban a caer de las ramas del árbol y otras más siendo movidas en un vaivén por el viento, me preguntaba si valía la pena aferrarse, si al final caeremos como todas esas hojas secas.
Comenzó a sonar la primera canción e inmediatamente la reconocí, Caramelos de Cianuro, la Terraza. "Yo era tu mala influencia, -Tú fuiste mi princesa. Siempre son frágiles las horas más perfectas..." Estoy segura que la gente que pasaba podía oírme cantar el coro. Fue la primera canción que me cantaste, y después comenzaste a llamarme princesa.
Seguí escuchando una a una las canciones, y entendí que perdimos demasiado tiempo en discusiones y problemas. Me recosté en las hojas secas mirando al cielo, el sol en estas fechas estaba más frío que de costumbre y las nubes que parecían suspendidas en el infinito revelaban formas extrañas que poco a poco al mirarlas con más atención se convertían en siluetas más familiares, una de ellas se parecía a Dante de cachorro. Mi pobre Dante, un ser mágico que me dio alegría infinita. Tuve que dejarlo en casa de mis padres cuando acepté el trabajo en la ciudad, sabía que, aunque me dolería dejarlo en casa, él sería más feliz persiguiendo al gato de los vecinos o ladrando a las palomas que solían descansar en la barda de la casa. Justo cuando recordaba con más intensidad los momentos con Dante, empezó a sonar una de nuestras canciones favoritas en el reproductor. "Ay de ti" de Reyno. "Déjame enterrarte aquí. Muy adentro de mi subconsciente..." Maldita sea la vida, dije, lloré, cerré los ojos y no paraba de llorar, creí que me sentiría mejor después de llorar, pero solo tenía ganas de seguir llorando. Me abracé al recuerdo de mi mascota, que más que una mascota había sido mi mejor amigo, así pasaran 3 días o 1 mes sin verlo siempre me recibía con la misma emoción. Después de llevar mis emociones al límite me di cuenta que no quedaba nada, me sentía vacía, sola, con un hueco enorme en mi vientre. Inhalaba y exhalaba tristeza, sentía como el corazón se me iba, pero no me dejaba morir. 

El lado A del cassette había terminado, ¡suficiente! pensé, recogí un montón de hojas secas y las amontoné para hacerme una almohada, apoyé la cabeza en mi almohada improvisada y comencé a mirar con más atención las hojas en los árboles, por un momento pensé en la corta vida que estas tienen, las miré caer y acompañar un montón de hojas que estaban ahí formando parte del paisaje. Entonces por un momento entendí que todos somos parte de un ciclo y que aun estando muertos, como aquellas hojas, seguían formando parte del paisaje y algunas hasta servían para recostarse en ellas o hacer una cómoda almohada. Dante había cumplido su propósito en esta vida, y aunque quizá esperaba que fuera eterno, de algún modo me enseñó que sigue siendo parte de mí, sus recuerdos más que tristeza comenzaban a darme un poco de felicidad. Entendí que el amor es simple y nosotros lo complicamos creando expectativas sobre un futuro que tiene miles de posibles realidades. El amor se manifestaba en una colita que bailaba al ritmo de un ladrido que gritaba 'te amo'.

A la memoria de Wotan 2024

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