Crecio una rosa

Creció una rosa en un jardín de piedra. Había resistido frío, soledad, falta de lluvia; aun así, sus pétalos eran suaves y delicados. No tenía espinas, lo sé, era raro. Parecía desprotegida, aunque estaba escondida entre rocas.

Su aroma era dulce, tan dulce como un abrazo, como una mano acariciándote la mejilla. Su aroma traía a la mente recuerdos, recuerdos como la primera lluvia en primavera, el abrazo fuerte de mamá.

Ahora que lo pienso, me pregunto cómo pudo romper el árido suelo, cómo de ser una semilla se convirtió en tan bella flor. Y por más que me pregunte, no encontraré respuestas, porque la vida es así, misteriosa y mágica.

¿Cómo me encontré con ella? No lo sé. Quizá caminaba y torpemente tropecé, caí cerca, me levanté sacudiendo el polvo de la ropa y ella estaba ahí, tan calmada, tan en paz. Volví muchas veces por ahí, le conté historias, reímos, jugamos, fuimos felices. No había prisa por crecer, por andar apurados, distraídos en busca del futuro, de mejorar el pasado.

Fue mi cómplice, hasta me vi tentado a cortarla para tenerla yo. ¡Vaya suerte la mía, una rosa sin espinas!

De repente crecimos, nos volvimos más extraños, más vacíos, más solos. Un día, caminando, recordé que había una rosa, una rosa que, aunque no era mía, lo era para mí. Volví a aquel camino, pero ya no estaba ahí, se la habían llevado. Lo sé, era hermosa, era delicada, pero no podía protegerse, simplemente la cortaron.

Se la llevaron a un mejor lugar, la iban a poner en un frasco de cristal, donde pudieran admirar sus colores, protegida para que el sol o el polvo no la dañaran.

Pero olvidaron regarla con amor, olvidaron que era una flor especial. Por más que gritó y pegó tan fuerte que cayeron sus pequeñas hojas en el cristal de aquel frasco, no la escucharon. Creían que era normal que sus hojas cayeran, que era normal que se marchitara, que podría ser reemplazada con una nueva flor cuando no quedara pétalo en pie.

No sé si también se hubiera marchitado en mi casa, si tampoco hubiese sido capaz de cuidarla. Solo sé que aún recuerdo su aroma, su risa, aún recuerdo que brillaron mis ojos aquel día que nos encontramos.

Creció una rosa en un jardín de piedra, y su perfume aún vive entre las rocas y las memorias que se siguen escribiendo.

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